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Precipitarse la compra


Salvo urgencia imperiosa, la compra de algo tan costoso e importante como un automóvil debería meditarse con detenimiento. No conviene precipitarse nunca.

Hay que tomarse el tiempo necesario para valorar todos los aspectos que influyen en la decisión y elegir el momento justo para hacerlo, buscando oportunidades que puedan resultar ventajosas.


Equivocarse en la elección


Suena a perogrullada, pero quizá no lo sea tanto. El abanico de segmentos, carrocerías, motorizaciones, equipamientos y variantes es tal que no resulta nada descabellado que podamos llegar a perder el horizonte sobre qué coche nuevo necesitamos realmente.

Por eso resulta fundamental realizar el ejercicio de definir nuestras exigencias con detalle, identificar los modelos que las cumplen y, a partir de ahí, seleccionar el producto que más nos satisfaga. No hay que dejarse llevar en este caso por el corazón y sí por la razón, incluyendo descartar las opciones que superan significativamente el gasto que nos conviene realizar.


Pedir solo un presupuesto


Los precios que ofertan los fabricantes para un coche nuevo son siempre recomendados, puesto que cada vendedor puede fijar el que considere oportuno para el mismo producto. Así que, dentro de ese proceso de compra sosegado del que hablamos, es obligado pedir más de un presupuesto para elegir el más provechoso para nosotros. | Control de Cadena de Frio

Si hay varios concesionarios de la marca en nuestra ciudad o proximidades se pueden visitar; de no ser posible, solicitar una oferta por Internet (en la web del vendedor, por correo electrónico o en otras plataformas) es una práctica cada día más extendida y altamente recomendable.


Encargar más opciones de las necesarias


Igual que nunca deberíamos comprar un coche nuevo que no podamos pagar o mantener (poseer un vehículo exige un gasto muy superior a la propia adquisición, hay que llevarlo al taller, cambiarle las ruedas o pagar el seguro, por ejemplo), tampoco deberíamos dejarnos llevar por cantos de sirena de maravillosos accesorios, que quizá luego utilicemos más bien poco.

Todos los detalles son apreciables y pueden resultar útiles en un determinado momento, pero del mismo modo elevan el precio del vehículo (y de su seguro, en consecuencia), así que hay que tener claro si realmente necesitamos lo que estamos comprando de más.


No probar el coche


Está muy bien informarse en las páginas de las marcas, ver vídeos en YouTube, leer pruebas de Prensa, preguntar a los amigos. Sin embargo, la decisión final es exclusiva del comprador y solo él debe llegar a la certeza de que ese coche es el que necesita, el que satisface sus expectativas.

Y para tener ese convencimiento la prueba infalible pasa por ponerse al volante, conocer en primera persona si lo que nos han contado o prometido es lo que nosotros percibimos. Por fortuna, casi todos los concesionarios tienen ya unidades de prueba de sus modelos más populares; no es necesario que sea exactamente nuestra versión o motorización para que nos podamos hacer una idea de si el coche nos gusta y nos sirve.


Fuente: https://motor.elpais.com